Harvey Ángell

Henry se moría de curiosidad por ver el equipo, así que subió corriendo las escaleras. Tocaría a la puerta y le pediría a Harvey Ángell que le enseñara el equipo. Pero no hubo respuesta, entonces abrió la puerta y entró. Todo estaba ahí, sobre la repisa. Y ahora que miraba cada herramienta, estas lucían perfectamente normales; entonces escuchó el tic tac del reloj. Después de observar el reloj durante diez rápidos tics y ocho lentos tacs, Henry comenzó a entenderlo. Y lo que leyó en la carátula lo hizo ponerse tan blanco como las flores de la parte delantera del jardín.

HENDRY, DIANA
GÓMEZ MORÍN, MAURICIO
Fondo de Cultura Económica
México
1995
1ª ed.
A la orilla del viento
152 p. ; 15x19 cm ; rústica
Castellano
08, 09, 10
Novela

968-16-4718-1
MISTERIO
4,21