Henry se moría de curiosidad por ver el equipo, así que subió corriendo las escaleras. Tocaría a la puerta y le pediría a Harvey Ángell que le enseñara el equipo. Pero no hubo respuesta, entonces abrió la puerta y entró. Todo estaba ahí, sobre la repisa. Y ahora que miraba cada herramienta, estas lucían perfectamente normales; entonces escuchó el tic tac del reloj. Después de observar el reloj durante diez rápidos tics y ocho lentos tacs, Henry comenzó a entenderlo. Y lo que leyó en la carátula lo hizo ponerse tan blanco como las flores de la parte delantera del jardín.
HENDRY, DIANA