El sol salió para ver a la princesa, y sus rayos destellaron en el traje iluminado el pequeño sendero. Las avispas acudieron felices a su encuentro; la joven princesa, al verlas, se puso a manotear. Más movía los brazos la princesa y más contentas se ponían las avispas creyendo que era un saludo. En unos segundo la rodearon miles de ellas hasta cubrirla por completo; las guardianas sonreían como en el sueño de alba y comenzaron a chillar con un sonido metálico que perforaba los oídos.
COHEN, EMMA