El sol ya se ha puesto. Una mano invisible ha encendido las farolas, que vomitan su anaranjada luz de sodio sin ningún pudor. De cuando en cuando me rodeo con mis propios brazos y me sorprendo de estar aún viva. Me pregunto... Si ya tendré para siempre pesadillas en las que hombres con gabardina o sin ella, con cazadora de cuero o con trenca me apuntarán a la frente con un arma y oprimirán el gatillo. ¡lo qué me faltaba! Por si mi extravío mental no fuera suficiente, a lo mejor ahora tengo que...
LALANA, FERNANDO