Miguel, recuerda los veranos que ha pasado con su abuelo en el pueblo, junto al mediterráneo. Por las mañanas temprano cuando salía a la calle a contemplar los nidos de los aviones blanquinegros, aguzados, volanderos... que colgaban como racimos a lo largo de las fachadas de las casas. Los paseos por el sendero de la costa hasta la caleta, el mar, las dunas, la pesca de clamares por la noche con Sión, las cuevas, los fósiles, las novelas de aventuras que el abuelo tenía en la biblioteca, y a María. Ahora, Miguel es geólogo y regresa a visitar el pueblo. Ilustraciones en simbiosis con el texto.
RAYÓ, MIQUEL