Todos los inventores y poetas han sufrido a la hora de imaginar y crear sus obras maestras. Algo parecido le paso a dios cuando decidió inventar el mundo. Después de hacer, romper y rehacer miles de bocetos; después de pedir ayuda a una corte de angeletes, que le presentaron las ideas más brillantes, torpes o disparatadas, cortando aquí y limaron allá, logró este mundo, que no esta del todo mal. Una de sus más admirables ideas fue la invención de los niños, que como las flores llenan de esplendor y alegría el universo. Sólo un temor le acongojaba, un maléfico hongo mortífero, producto de mentes pervertidas, que podía dar al traste con todo...
CAÑIZO, JOSÉ ANTONIO DEL