La autora opta por una presentación maniqueísta de los hechos, ensalzando siempre los ideales de patria y libertad, los elementos de leyenda, aunque ello supusiera faltar al rigor histórico. Los buenos son los suizos que lucharon por su independencia contra los malvados austriacos. Y no hay medias tintas. Se ha de leer, por tanto, como un relato de aventuras en el que, sin embargo, Tell, ese personaje legendario, no es el centro sino un patriota más.
ANÓNIMO