Que el Ratoncito Pérez tenga a los niños por clientes es algo que sucedió por accidente. En ralidad, sus primeros clientes fueron los conejitos, pero una rata ladrona le robaba los dientes de los conejitos para utilizarlos como joyas para decorar la casa. Harto el Ratoncito decidió pactar con la rata que se los cambiaría por factuosos juguetes. Pero a los conejitos la avaricia les rompio el saco y fueron al dentista para poder canjear toda la dentadura. Y así fue como Pérez decidio conquistar un sector más inteligente de la población: el de los niños.
LECAYE, OLGA