Un día aparece en la ventana de la habitación de Gil un mukusuluba, el último ejemplar de su raza. El niño pronto descubre que el mukusuluba es el amigo ideal porque siempre escucha y se le pueden contar los más íntimos secretos. El problema es como alimentarlo. El mukusuluba come exclusivamente papel y es insaciable. Gil se las ve y se las desea para conseguirle el alimento. Las cosas cambian cuando el resto de la familia descubre al mukusuluba. Todos lo quieren, todos se comunican con él, todos le dan de comer. Gil tiene que tomar una determinación casi heroica: pedirle que se marche. Solo así volverá a existir la comunicación entre los distintos miembros de la familia.
GÓMEZ CERDÁ, ALFREDO